Me hizo unas cuantas preguntas de rigor sobre mi disponibilidad y cómo trabajaba bajo presión. Yo respondía a todo con una confianza tranquila, manteniendo la sonrisa, aunque por dentro me moría de ganas de levantarme y salir corriendo de allí y de esa energía pegajosa que desprendía.
Cuando terminé, dejó el bolígrafo sobre la mesa y entrelazó las manos.
— Excelente, Thalia. Tu presentación ha sido muy buena, está claro que das el perfil. —Su sonrisa se ensanchó—. Me gustaría invitarte a la seg