Rodrigo escupió la respuesta antes de que Galvão terminara de hablar.
— Ni de coña.
El grandullón no esperó órdenes. Le metió un puñetazo al rehén en la cara que sonó a carne picada, algo asqueroso.
El hombre gimió y le empezó a chorrear sangre de la nariz.
— HIJO DE PUTA —Rodrigo avanzó medio paso, pero sus hombres le frenaron.
Galvão solo sonreía más, se lo estaba pasando pipa.
Mi corazón estaba a punto de estallar de la agonía. Notaba los latidos en las sienes.
Me va a dar algo. Me voy a des