Cap.125

Rodrigo escupió la respuesta antes de que Galvão terminara de hablar.

— Ni de coña.

El grandullón no esperó órdenes. Le metió un puñetazo al rehén en la cara que sonó a carne picada, algo asqueroso.

El hombre gimió y le empezó a chorrear sangre de la nariz.

— HIJO DE PUTA —Rodrigo avanzó medio paso, pero sus hombres le frenaron.

Galvão solo sonreía más, se lo estaba pasando pipa.

Mi corazón estaba a punto de estallar de la agonía. Notaba los latidos en las sienes.

Me va a dar algo. Me voy a des
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