Entonces me miró de arriba abajo y sonrió levemente.
—Estás preciosa.
Forcé una sonrisa intentando que não se me notaran los nervios.
—Estoy bien, ¿y tú? Y, respondiendo a tu pregunta, Rodri... el señor Ferreira ha tenido que venir por trabajo. Le acompaño como asistente para temas técnicos —añadí, viendo cómo su mirada analítica se clavaba en mí.
La explicación sonó floja hasta para mis propios oídos.
—Asistente —repitió él, y no había desdén en su tono, sino una curiosidad densa, cargada de p