Cap.112

(Visión de Mariana)

Pasando olímpicamente de las órdenes de descanso y del sentido común de cualquiera que tenga el pie torcido y vendado, estaba totalmente sumergida en aquella bolsa negra y funcional.

Mi pierna me daba latigazos en señal de protesta, pero no era más que un ruido de fondo comparado con el zumbido de adrenalina que tenía en el cerebro.

El portátil de Ángela se había quedado en cenizas, pero lo que había dentro de esa bolsa era un puñetero tesoro. Rodrigo la trajo como un trofeo
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