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La noche caía fría sobre los callejones del distrito abandonado, el único lugar donde dos fugitivos podían caminar sin llamar demasiado la atención. Hernan ajustó la capucha sobre su cabeza, asegurándose de que tapara por completo su cabello. La mascarilla negra le cubría la mitad del rostro, mientras una vincha oscura mantenía su flequillo fuera de los ojos. Era su nuevo aspecto, el de alguien que ya no podía mostrar el rostro que una vez Milenne acarició.

David caminaba unos pasos por delante
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