Marcos se acercó, y Clara sintió el corazón a mil. Él estiró la mano y la agarró con suavidad. Al entrelazar sus dedos, ¡zas!, una corriente que te cuento.
—Igual... igual deberíamos hablar de esto luego —dijo Marcos, con la voz grave y mirándola fijo.
Clara asintió, sin poder decir ni pío. La mano de Marcos era cálida, fuerte, y la hacía sentir como en casa, segura.
La bronca por el artículo fue lo que lo detonó todo. Obligó a Clara a soltar la sopa y a Marcos a bajar la guardia y ver lo que s