La segunda noche en Barcelona, Marcos me soltó lo de la cena especial. Conozco un sitio con vistas de flipar, Clara. Creo que te molará. Yo, entre nervios y ganas, le dije que sí.
El rollo entre nosotros se había relajado, se había vuelto más cercano, y cada vez que nos veíamos fuera del curro era como dar un pasito más en terreno desconocido.
El restaurante era un tesoro escondido en una azotea, con una terraza que daba a toda Barcelona.
Pero lo que te dejaba sin respiración era ver la Sagra