Allí en la habitación Guillermo cerró la puerta, Julieta lo quedó mirando asustada, él avanzó hacia ella y la agarró de la cintura y la abrazó fuertemente, hundiendo su cabeza entre sus cabellos.
Julieta quiso apartarlo, pero él la abrazó más fuerte, así estuvieron unos minutos hasta que él sintió que ella tenía frío. Él avanzó a la cama sin soltarla y se arrojó a la cama con ella
-Guillermo suéltame- logró decir ella
Él la acomodó bajo de él, la abrazó nuevamente y la besó, en un beso desesperado que con el tiempo Julieta fue respondiendo.
Amaneció y él seguía encima de ella rodeándola con sus brazos y con su cabeza en su cuello. Ella sin poder moverse, con los ojos muy abiertos escuchaba su respiración. Julieta nunca había estado con un hombre y pese a que esa noche solo se besaron, era una sensación extraña para ella, pero agradable.
Ella no se quería ni mover para no despertarlo, pero el ruido de afuera lo hizo, él se despertó y abrazó más sin decir palabra.
En toda la noche no le