Cap. 93. Se acabó porque fuiste valiente
El día del entierro amaneció gris, como si el cielo mismo se negara a iluminar la última morada de Leonardo. El viento arrastraba un frío seco entre los cipreses del cementerio, y las campanas de la capilla resonaban con un tono fúnebre que parecía prolongarse demasiado.
El féretro, cubierto por una tela oscura y flores que nadie quería mirar, fue depositado frente a la fosa abierta. Su padre, erguido, con el rostro endurecido por una compostura casi militar, permanecía al lado. Ni una lágrim