El príncipe continúa recorriendo todo su cuerpo, el escote del vestido cae sobre el nacimiento de sus muslos. Se inclina y entonces con sutileza besa su cuello y desciende ahora con sus labios sobre la inmaculada desnudez de Anna.
Ella respira agitadamente, no quiere pensar en nada; mas si él se dilata un poco, es porque quizá es la señal de que ella debe huir de aquel lugar antes de que sea demasiado tarde. La pelinegra se debate entre el deber y el querer ser. Debe ser una mujer buena, pero