Con una sonrisa luminosa en los labios, Anna lo invita a meterse en el agua, extendiendo la mano en un gesto de bienvenida que lo conmueve profundamente.
El príncipe Rodrigo no duda ni un instante y se despoja de sus ropajes reales, sumergiéndose con gracia y elegancia en el riachuelo junto a Anna. El agua fresca y cristalina los envuelve en un abrazo suave y acogedor, borrando las fronteras entre ellos y creando un vínculo íntimo y especial que los une en cuerpo y alma.
—¡Príncipe Rodrigo! —