Con la muerte del duque, el Rey Eduardo VI parecía hundido en sus recuerdos, no salía de su habitación, ni tampoco le importaba lo que ocurría en el palacio real. Sólo permanecía largas horas en su despacho, sentado frente a su escritorio, cabizbajo y pensativo.
Emma no imaginó que su esposo realmente albergara sentimientos tan profundos por el duque, siempre creyó que era sólo placer y lujuria lo que los unía. Aún así no podía sentir compasión por un hombre que había sido capaz de hacerle dañ