—Me encantaría conocerte, María Castro… —dice Hans sonriente, y la mujer, agitada por la emoción que los envuelve, asiente con una sonrisa y corre alejándose de él, sintiendo su corazón brincar de alegría.
No puede creerlo, ¿un príncipe interesado en ella? Debe ser un sueño.
Las siguientes horas transcurren entre brindis, sonrisas, chistes de le época, la firma de Emma hacia el acuerdo con Francia y otro brindis que se extiende un poco más. Casi se está finalizando la velada, cuando Martina q