Al notar que se acercaban al barrio en que estaba el apartamento de Stavros, se volvió hacia él.
-No es justo -dijo.
-¿Que haya decidido venir directamente aquí? -preguntó él.
-Has dado por sentado que estaba de acuerdo.
-¿Y no lo estás?
Marisa permaneció en silencio. ¿A qué estás esperando?, susurró una vocecita en su interior. Seguiste tus instintos hace tres meses... ¿por qué no ahora?
Además, su cuerpo sentía un anhelo que sólo Leonidas podía calmar. Le consumía la necesidad de sentir sus c