Leonidas se preguntó si Marisa tendría idea de lo preciosa que era, del placer que le producía tenerla desnuda en su cama. Quería abrazarla y retenerla contra sí durante el resto de su vida.
Inclinó la cabeza para besarla en los pechos y luego en la boca.
-Tú no has llegado orgasmo - susurro Marisa .
Leonidas sonrió.
-Tenemos toda la noche por delante, cariño mío.
-Ahora me toca a mí darte placer -murmuró Marisa , que a continuación se irguió y se sentó a horcajadas sobre él.
Adoraba el sabor d