Capítulo XXVIII

Leonidas se preguntó si Marisa tendría idea de lo preciosa que era, del placer que le producía tenerla desnuda en su cama. Quería abrazarla y retenerla contra sí durante el resto de su vida.

Inclinó la cabeza para besarla en los pechos y luego en la boca.

-Tú no has llegado orgasmo - susurro Marisa .

Leonidas sonrió.

-Tenemos toda la noche por delante, cariño mío.

-Ahora me toca a mí darte placer -murmuró Marisa , que a continuación se irguió y se sentó a horcajadas sobre él.

Adoraba el sabor d
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