El telón se alzó y, durante los siguientes minutos, Marisa se concentró en la magia de la acción que se desarrollaba en escena y en el canto de los actores.
El descanso llegó demasiado pronto, rompiendo el embrujo.
Angelie se puso en pie.
-¿Salimos a tomar algo?
-Yo no -dijo Marisa , y dedicó a Leonidas una sonrisa-. Pero no te quedes por mí.
-¿Stavros? -dijo Angelie con un matiz de impaciencia que él prefirió ignorar.
-No esperes por nosotros.
Angelie se encogió imperceptiblemente de hombro