Marisa lo hizo así y, cuando terminó, oyó que Leonidas mascullaba una maldición.
-Es evidente que decidiste no ir en coche al trabajo.
-El coche tenía dos ruedas pinchadas. Ya me he ocupado de que las sustituyan.
Se produjo un momentáneo silencio al otro lado de la línea.
-¿Por qué tengo la sensación de que no me lo estás contando todo? -al ver que Marisa no decía nada, Leonidas añadió-: Supongo que has denunciado lo sucedido a la policía, ¿no?
-Aún no.
-Haré que Cris se ocupe de eso. Voy a tom