Capitulo XXIII

Marisa lo hizo así y, cuando terminó, oyó que Leonidas mascullaba una maldición.

-Es evidente que decidiste no ir en coche al trabajo.

-El coche tenía dos ruedas pinchadas. Ya me he ocupado de que las sustituyan.

Se produjo un momentáneo silencio al otro lado de la línea.

-¿Por qué tengo la sensación de que no me lo estás contando todo? -al ver que Marisa no decía nada, Leonidas añadió-: Supongo que has denunciado lo sucedido a la policía, ¿no?

-Aún no.

-Haré que Cris se ocupe de eso. Voy a tom
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