Damián
La escuché antes de que abriera los ojos.
No a Eva. A ellos.
Susurros antiguos, como un eco filtrado desde lo más profundo de la tierra, arrastrándose por los muros de piedra como una niebla venenosa.
Una lengua que pocos recordaban y que nadie —nadie cuerdo— se atrevía a pronunciar en voz alta.
Pero yo sí la conocía.
Porque fui uno de ellos.
Porque alguna vez, mucho antes de esta piel humana que ahora uso como disfraz, habité entre sombras. Fui devoto del poder.
Y el poder, como bien sa