Eva
Nunca imaginé que una casa pudiera sentirse tan viva y a la vez tan llena de secretos. La mansión de Damián era un laberinto de pasillos interminables y puertas cerradas que parecían susurrar historias prohibidas. Después de la última conversación con él, la necesidad de entender, de saber qué se ocultaba detrás de esa mirada fría y esos silencios, se volvió insoportable.
Me levanté temprano, cuando el sol apenas se colaba entre las cortinas de terciopelo negro, y decidí que ya no podía que