Damian
Existen abismos que no se miden en metros sino en siglos. Yo había vivido en uno durante tanto tiempo que ya no recordaba cómo era respirar sin que el pecho doliera. Hasta que ella llegó.
La observé mientras dormía, su respiración acompasada contrastando con la tormenta que se desataba fuera de la mansión. El cabello de Eva se esparcía sobre la almohada como tinta derramada, y sus labios entreabiertos me tentaban a cometer otra locura más. Una de tantas desde que la conocí.
Había pasado