Después de contarle todo a Ro, colgué la llamada sintiendo que me había sacado un peso de encima, aunque aún estaba la espinita de lo que me comentó sobre James y las chicas, pero al parecer el descerebrado tampoco tenía idea porque lo primero que hice al salir con mi maleta fue preguntarle.
—¿En serio? No lo sabía, que bien que se lo tenían escondido, debe ser por eso que Thomas llegó tan rápido.
Por esta vez, voy a creerle, aunque su rostro es de preocupación.
La llegada a Nueva York fue “nor