Despertar con la tremenda erección del ahora denominado hombre de paja puede que no sea la mejor forma, pero por una extraña razón y muy distinta a la vez que nos pasó en la casa de James, hoy se siente… bien.
Además, no es solo su humanidad la que está pegada a mí como una garrapata, los brazos y las piernas de mi pequeña se aferran a mí como si no quisiera soltarse nunca. Tengo su cabecita enterrada en mi pecho y ese olorcito a cereza que le deja mi shampoo me relaja a más no poder.
Abro los