Reglas claras, conservan la amistad y un noviazgo por contrato.
—¿Qué mierda?
Esa era la pregunta que había quedado en el aire, después de que esa arpía salió de mi oficina, dejando todo este ambiente meloso y sexual que me dejó cachondo.
¡Vamos que no soy de piedra! Y la mujer estaba que te la comías con cuchillo y tenedor.
Esa blusa transparente que dejaba ver esas hermosas curvas y esos dos picos que tenía ganas de probar que decir de esa falda de tubo negra que resaltaba esas largas piernas con esos zapatos.
—¡Mierda, ya bájate idiota!
Me mentalizado y