Por: Louise Connelly
Después de ese impasse que me dejó un sabor amargo en la boca y hasta cero ganas de seguir con la sorpresa, llegamos al vecindario donde se encontraba el que sería nuestro nuevo hogar.
Cómo me había comprometido con todos hice una video llamada a mis amados secuaces.
—Hemos llegado — dice mi papito aún un tanto nervioso —Mi amada arpía te voy a cubrir los ojos para darte la sorpresa — mientras yo escuchaba las reacciones en la video llamada no se hicieron a esperar.
—Est