—Es hora de servir el almuerzo. Mete la última tanda y la cena la tenemos listas.
—Hoy no lavo los platos. Hice la cena.
Sonrió negando. Almorzamos los cuatro, Onely cocinaba como los ángeles. Fue un departir ameno, en silencio. Al terminar Yaro me miró. Ahora venía el regaño.
—Lavo los platos y llego a la oficina.
Las damas se fueron a la playa con los perros, después de dejar la cocina como a todas ellas les gustaba, fui a poner la cara por mi irresponsabilidad de dejar a mi cliente sin prote