Estas dos semanas de luna de miel habían sido magníficas. ¡Ea Ave María! Fueron apoteósicas. Entre más pasan los días, más deseaba a mi turrón de chocolate. Es que no quería que se vistiera. Debía ser el embarazo. En verdad tenía que ser eso. Eran las cuatro de la tarde y Yasar dormía en la amplia cama desnudo, solo con la sábana azul cielo en seda. Otra vez se me hizo agua la boca, ¿es que no me era suficiente? Con cuidado me subí a la cama, poco a poco le fui apartando lo que le cubría su de