30. La disculpa que llega tarde
Lo encontré en la entrada de la sala de servicio antes de que yo llegara a ella.
No estaba dentro. Estaba en el umbral, con la chaqueta del banquete todavía puesta y esa forma de ocupar una puerta que tenía cuando no estaba decidiendo si entrar sino esperando saber si era bienvenido. Había demasiada luz en el pasillo y muy poca en la sala de servicio, de modo que su silueta quedaba partida entre el Alfa que todos acababan de ver en el banquete y el hombre que había abandonado la mesa principal