27. Ezra no exige nada
Necesitaba aire que no tuviera historia.
El archivo olía a Elena, a papel viejo y a la cinta en el cuello de una fotografía que conectaba a mi madre con una red de escape más antigua de lo que Petra y yo habíamos calculado. El despacho olía al vínculo de la mañana, a la respiración de Caden demasiado cerca y a la decisión de no besar que había costado más de lo que quería que costara.
Necesitaba el bosque, o al menos el borde de él, donde el aire era octubre y pino y no tenía nada que pedirme.