—¿Qué es lo que sientes, querido? —preguntó ella, con la voz agrietada, como la de una anciana.
Ese tono era de burla, aunque quisiera sonar preocupada. Solté un grito desde lo profundo de mi pecho. El dolor me estaba invadiendo por completo. Como si me quemara y me incendiara por dentro.
El fuego se multiplicaba dentro de mí.
Un grito estrepitoso salió de lo profundo de mi vientre, como si estuviera por quedarme sin voz para siempre. Mi garganta me ardía, raspaba, como algo que la cortaba. Com