Seth
Traté de dejar de mirar a la bruja mientras ella soltaba esa carcajada espeluznante. Me daba nauseas.
—¿Por qué no me miras? —preguntó ella, cuando notó que esquivé la mirada. —¿Acaso quieres convencerte de que te doy asco y repulsión? Oh, mi aspecto quizás eso genera en los débiles. Pero tú, querido Seth, eres peor.
—Ya silencio. —dije, tratando de hacer que se callara. Negué con la cabeza, sacudiéndome como si estuviera haciendo un berrinche.
No quería admitir nada, ya me había rendido,