(Por Seth)
Ella se marchó, así, sin decir absolutamente ni un solo adiós, sin derramar ni una sola lágrima. Llevándose a los cachorros que yo consideraba mis hijos. Ella se había ido de mi vida, quizás el tiempo de ausencia se extendiera sin que yo pudiera controlarlo. Mis ojos se humedecieron por el abandono, porque aquella mujer era la que yo amaría por siempre. Lysa era mi pareja predestinada, incluso había una profecía que nos unía. Ella era mi Omega prometida, la mujer que estaba hecha par