—¿Tienes un minuto? —preguntó la bruja, al verme en la cocina.
Ella era una presencia continua en el Edificio. Todos la trataban con respeto, mi hermano la había dejado vivir aquí a pesar de que los lobos no simpatizábamos demasiado con las brujas. Todos sabían que eran embusteras y ladronas en muchos casos. Pero debía resultarle útil a Goth, porque él siempre hacía lo mejor por la manada.
—Dime. —contesté a secas. Mientras, comencé a prepararme un sándwich. Tenía mucha hambre, una loba de mi