Al ver como mi amado Seth dormitaba recostado sobre mi pecho, sentí una punzada de culpa. Era tan extraño tener que verlo como un posible enemigo. Quería dejar de pelear, terminar con esta intriga y volver a creerle ciegamente.
Sin embargo, la incógnita allí estaba y yo no podía dejar de imaginar el peligro. Si cerraba los ojos por mucho tiempo, comenzaba a sentirme acechada. El haberme convertido en una Loba tan fuerte me hacía tener unos instintos muchos más precisos.
Mi olfato había aumentad