Cap. 67 ¡Te escuché!

El Penthouse se transformó en el cuartel general del contraataque. Con Alessio explorando seguro en su corralito, rodeado de juguetes que intentaba descifrar con determinación babosa, Dayana convocó a su único y caótico Estado Mayor: Ginevra y Felicia.

Ginevra llegó como un torbellino dorado, con una carpeta llena de recortes de revistas de diseño escandinavo para guarderías. Felicia entró detrás con una bandeja llena de empanadas caseras ("combustible para cerebros estratégicos") y el brillo de batalla en los ojos.

—¡Claro que vamos a hacer esto, y de una buena vez! —anunció Felicia, dejando la bandeja con un golpe triunfal sobre la mesa.

—Todo va a quedar claro como el agua. Vamos a hacer que toda esa gente envidiosa y amargada ame cada paso que pises, mi reina. ¡Vas a ser la heroína de las mamás y los papás de esa empresa de robots con corbata!

Dayana no pudo evitar sonreír. El entusiasmo de Felicia era como un abrazo cálido y estridente.

Ginevra, ya repartiendo los recortes sobre
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Elvira Portillogenial, manos a la obra, me encantó
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