Cap. 53 Ah, le mie care…
La declaración era tan absurda, tan deliberadamente provocadora y cargada de una filosofía personal caótica, que Felicia se quedó boquiabierta por un segundo. Luego, una sonrisa lenta y cómplice se extendió por su rostro.
—Cielos —murmuró Felicia, meneando la cabeza.
—Eres peor que yo. Y eso que yo, en mi juventud, era terrible. Terrible, hija. —Se dio la vuelta para irse hacia la cocina, pero no sin antes lanzar una última mirada a Ginevra.
—Bueno, si vas a cazar, que sea con clase. Ese Marco parece del tipo que se asusta si le tiras el anzuelo muy directo.
—¿Anzuelo? —preguntó Ginevra, fingiendo inocencia.
—Yo solo pienso en… estabilidad laboral de largo plazo. Con beneficios.
Dayana, que había estado colgando su abrigo, escuchó el intercambio y no pudo evitar una sonrisa. Ginevra era un huracán que, aparentemente, había decidido que su próximo proyecto personal era domesticar (o al menos intrigar) a la persona más ordenada y predecible del entorno de Ares. Era una locura total. Y t