Cap. 53 Ah, le mie care…

La declaración era tan absurda, tan deliberadamente provocadora y cargada de una filosofía personal caótica, que Felicia se quedó boquiabierta por un segundo. Luego, una sonrisa lenta y cómplice se extendió por su rostro.

—Cielos —murmuró Felicia, meneando la cabeza.

—Eres peor que yo. Y eso que yo, en mi juventud, era terrible. Terrible, hija. —Se dio la vuelta para irse hacia la cocina, pero no sin antes lanzar una última mirada a Ginevra.

—Bueno, si vas a cazar, que sea con clase. Ese Marco
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