Cap. 54 Casi no te reconocíamos.
Dayana observó al grupo. No proyectaban la amenaza física de Dulce ni el poder crudo de Bárbara. Eran un peligro más sutil, más insidioso: el de la opinión pública manufacturada. Ginevra tenía razón. Eran serpientes de salón, y su mordida era el desprestigio.

—Ya te las presento después —añadió Ginevra, recuperando su tono alegre.

—Con mucho detalle. Pero por ahora… sonríe, tesoro. La guerra tiene muchos frentes, y acabamos de desfilar por todos ellos. Ahora, toca jugar.

Tomó dos copas de champá
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Elvira Portillogenial. cómo te quedó la cara Bárbara, jejeje.
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