Cap. 29 ¿Qué… es… eso?
El Penthouse de Ares era un monumento al control: líneas rectas, concreto visto, acero y enormes ventanales que mostraban la ciudad como un trofeo. La única excepción era la habitación del bebé. Dayana acunaba a Alessio, observando el espacio que Ares había construido a escondidas de Bárbara y Dulce.
No era el suave pastel de una revista; era cálida, con madera clara, estanterías llenas de clásicos infantiles y un móvil de planetas que giraba suavemente. Un santuario de amor secreto en medio de la guerra.
—Aquí estás a salvo, mi príncipe —susurró Dayana, acostándolo en la cuna. El bebé gruñó, agarrando su dedo con una fuerza sorprendente.
Al salir, se topó con la austeridad glacial del resto del departamento. Una rebelión empezó a hervir en su pecho. Si iba a vivir aquí, aunque fuera temporalmente, dejaría su huella. Y su huella, a los 18, era… luminosa.
Esperó hasta que Ares, agotado por la tensión del día, cayó rendido en la cama de su habitación estilo suite de hotel de lujo. Ento