—Suéltame, Felipe. —grito adolorida por aquel segundo tirón. Su mirada oscura provoca escalofríos en mi cuerpo.
De forma violenta, me suelta del cabello, luego me sujeta del brazo obligándome a salir de la tina.
—Sal de allí. —Me ordena.
Obedezco más por verme obligada que por voluntad propia, mi cuerpo destila agua. Él me mira de forma extraña, como si buscase algo diferente en mí, luego sonríe de forma malévola.
—Nadie más se interesaría en ti —esgrime.— Eres tan simple y aburrida que aún no