Mundo de ficçãoIniciar sessãoEl reloj marcaba las siete y cuarto cuando escuché la puerta cerrarse. Supe, incluso antes de girarme, que era Santiago. Su andar era inconfundible. Preciso. Seguro. Un eco grave en la madera del suelo que siempre me había resultado reconfortante. Hasta ahora.
Mi respiración se volvió más superficial mientras dejaba a un lado mi taza de t&eacut







