El pasillo hacia la oficina de Santiago se sentía más largo de lo normal. Cada paso resonaba en el suelo de mármol con una pesadez insoportable, como si mi propio cuerpo supiera que no debía ir, que estaba cruzando una línea invisible de la que no habría retorno.
El correo aún ardía en mi bandeja de entrada, las palabras simples pero ineludibles.
"Necesitamos hablar."
Nada más. Ninguna pista de lo que me esperaba al cruzar esa puerta.
Había pasado la última hora tratando de descifrar su intenci