—¡No! ¡Déjame!
Empecé a golpear a Ashton muy fuerte, creo que le di varios puñetazos en la cara y patadas en sus muslos.
—Iras, aunque tenga que llevarte todos los días de la semana cargándote y forzándote —grita mientras sale del edificio, arrastrándome con él. Sus brazos están aferrados a mí cintura y mis pies no llegan a tocar el suelo.
Él imbécil me engaño. Me dijo que, si tan solo me probaba el uniforme, me cocinaría la misma carne en la cena. ¡Me prometió que no iba a obligarme a ir a un