El aire sobre el Atlántico Norte era una pared de hielo y viento huracanado. La grieta de fuego blanco que escupió a Cristian, Naamah y Aleksei se cerró con un estruendo que hizo vibrar el océano cientos de metros abajo. La caída libre era una sentencia de muerte para cualquier ser común, pero para el Guardián del Sol, era el primer examen de su nueva arquitectura interna. Mientras caía a más de 200 km/h, Cristian no sintió pánico. La prueba de Miguel en el Vacío había reconfigurado su mente.