El bosque de la zona alta del Estado de México, cerca de las faldas del Nevado de Toluca, exhalaba un frío que calaba hasta la médula de los pinos. La niebla se arrastraba entre los troncos como un sudario gris, ocultando a los dos fugitivos que se abrían paso entre la hojarasca podrida. Malakai Helios caminaba con dificultad, su orgullo de Alfa herido tanto como su cuerpo, mientras que Valeriana Valerius se sujetaba el vestido de seda, ahora un harapo ensangrentado que se enganchaba en las esp