Capítulo 3. Curiosidad.

Avery Crown.

Con el estado en el que se encuentra Jayden, y que esté todavía con el rostro desencajado, me hace saber que no está en condiciones de hablar sobre el proyecto.

—Puedo recibirlo yo mientras te recuperas un poco— propongo. —Conozco el…

Jayden niega antes de que termine la frase.

—No —respira hondo y baja la voz. —Soy el jefe de desarrollo del programa de reconstrucción biomecánica —reitera como si necesitara recordarlo él mismo—. Si alguno de los financiadores exige explicaciones, debo ser yo quien las dé.

No discuto, porque tiene razón. Y en su estado, es mejor que vuelva a sentir que controla algo.

—Está bien... iré al baño mientras hablas con él —me muevo del centro de la sala, y sobre el expediente dejo mi gafete de ingreso del sitio del cual nos sacaron esta mañana, para no interferir en el proceso de investigación. —¿Sabes dónde está?

—Pregunta a alguien— no me mira, limpiando su nariz y arreglando el cuello de su camisa cuando marcho detrás suyo. —¿Y Avery?

—¿Sí?

—No te alejes de mí —destaca. —Esta ciudad no ha cambiado tanto como creí. Arreglaré todo para irnos lo más pronto posible.

Asiento para darle seguridad.

Cruzamos el pasillo hasta que la secretaria guía a Jayden hacia la sala de juntas. Dejándolos atrás continúo en dirección contraria.

—¿El baño? —pregunto a un hombre que acomoda unas cajas sobre unas sillas.

—Siga el pasillo de servicio —con la respiración irregular se inclina un poco para señalar con una mano—. Al final encontrará una puerta gris. Ahí gira a la izquierda.

Le doy las gracias y continúo. El lugar está vacío debido a que todos están siendo interrogados y otros todavía no llegan al ser tan temprano.

Las únicas voces llegan amortiguadas desde alguna parte del ala administrativa. Puedo escucharlas cuando doblo la esquina. Al igual que un golpe seco que me hace detenerme.

No pasan ni cinco segundos para que llegue otro.

No suenan como de una pelea. Pertenecen más a alguien perdiendo la paciencia.

—¿Entiende el concepto de puntualidad? —alcanza a escucharse con claridad.

No reconozco la voz desde el pasillo.

Luego una silla arrastra varios centímetros sobre el suelo. La otra persona responde demasiado bajo para distinguir las palabras.

Puedo percibir otro golpe, aunque esta vez es contra una mesa.

Frunzo el ceño.

La puerta gris que me indicaron está a unos metros más adelante, pero el ruido proviene del despacho contiguo.

O eso imagino hasta que noto la división entre dos oficinas o salas distintas, debido a cómo están distribuidas desde el exterior.

Más sonidos se distinguen, entre ellos la voz de Jayden. Pero ahora sale de un tipo de altavoz. Y curiosamente proviene de la puerta que permanece mal cerrada.

No hay más de dos centímetros entre el marco y la puerta. La curiosidad termina ganándome.

Me acerco con cuidado. No intento abrirla al ver una gran ventana que intuyo es de cristal de dos caras. Porque Jayden no parece saber que existe mientras explica algo que no alcanzo a captar.

Solo apoyo un ojo en la estrecha ranura que deja el marco, del cual apenas alcanzo a distinguir una parte de la habitación.

Primero una mesa, y a unos metros de ésta, varios hombres de pie que callan frente al cristal. Deduzco que la mayoría de ellos son hombres y dos o tres mujeres, ya que la escasez de luz sólo permite que vea siluetas, no rasgos, ni algo diferenciable.

Aprecio el pasillo, para asegurarme que no haya nadie haciendo conmigo lo que hago con ellos, para irme sin que me acusen de chismosa.

—¿Confirma, señor?

Me detengo para volver a ver por la pequeña abertura, solo para distinguir a una figura alta caminando entre el grupo, de espaldas a la puerta. Se posa al frente y con una pantalla de celular que se enciende alcanzo a diferenciar una trenza oscura que cae hasta casi la mitad de su torso.

Nadie se mueve mientras ese hombre permanece de pie, y aunque ni siquiera puedo verle el rostro, hace que el resto parezca mucho más pequeño.

—Confirmo— la voz sugiere a mis sentidos alarmarse, aumenta la sensación cuando se da la vuelta y me alejo de inmediato cuando veo a todos moverse.

Corro a la puerta del baño, donde entro con extrema rapidez, odiando el chirrido al cerrarla y colocarme sobre la superficie de metal. Muchos pasos se alejan, y me obligo a no respirar, intuyendo que pueden oír el aire que entra a mis pulmones.

Lo cual es ilógico.

Cuando todo queda en silencio, presiono los labios, miro mi reloj en la muñeca y abro la puerta. Me digo que no es nada que me interese o tenga que interrumpir mi motivación para estar en éste lugar, pero al final termino escabulléndome de nuevo.

La luz aumentó, aunque sólo veo parte de su hombro. No ha cambiado su posición. Hasta que se mueve.

Mi corazón parece desterrarse a sí mismo cuando de espaldas observo la imponente figura del hombre que…con el físico de un espartano salido del mismo inframundo catapulta mis latidos al nivel más alto.

Mis sentidos reaccionan y mi cabeza repite que éstas son precisamente de las cosas que debo mantener distancia. Pero mi problema más grande…Y mi mayor enemiga es siempre la curiosidad.

Eso ni siquiera podría considerarse un hombre…no he visto su rostro aún, pero sólo esa camisa azul que le cubre la espalda es suficiente para intuir que lo que…

Como si fuera un rayo impactando contra él, veo un cambio que me avisa que debo apartarme. Su manera de girarse me da un vuelco al alma, pero no mira hacia la puerta, sino hacia el móvil. Aún así, me aparto de inmediato al escuchar pasos y me repito que por estar de fisgona podrían hacerme quedar al descubierto, como una total indiscreta.

Me alejo mientras puedo.

Paso saliva. Siento calor invadiéndome. Cada latido está cual trueno en mis oídos al doblar la esquina.

—Cariño, ¿encontraste el baño?—, la sonrisa de Jayden me hace plantar mejor los pies al suelo al encontrarlo de frente.

—¿Qué baño?—, su cara de confusión me deja con las mejillas ardiendo. —El baño, por supuesto. Sí…sí, lo encontré —apunto sin ver a donde—. Todo bien. Todo perfecto.

—¿Todo bien?

—Fenomenal— siento que el aire me falta aún. —¿Terminaste con…?

Respingo en cuanto una puerta es azotada con furia. Asomo hacia el pasillo del que acabo de salir, aunque lo único que alcanzo a ver es la espalda de antes moverse con pasos agigantados, resonando en el mármol y con un odio aplastante puedo percibir aún con la distancia.

—¿Quién es?— increpo tratando de que el sudor de mi cuello no sea notado.

—No sé —Jayden no aparta la mirada de él. —Se parece mucho a…—la mandíbula se le desencaja. —No. Él no…Es imposible.

—¿Qué es imposible?— pregunto al verlo frotarse el cuello.

—Nada— sacude la cabeza. —Nada. No es nada.

Sonrío, pero ni yo me creo lo que hago cuando la turbación ocupa espacio.

—¿Quieres ver algo más?— niego sin haber comprendido la pregunta al instante. Hasta que recuerdo que fue lo primero que dije al llegar.

—Prefiero que nos vayamos y hablemos de lo que ibas a decir antes.

Duda un segundo. Se frota en tres ocasiones los brazos para luego negar.

—No era nada. No era nada —canturrea con los ojos celestes demasiado expresivos. —No era nada —deja caer los hombros. —¿Nos vamos?

Vuelvo a dirigir mi vista al pasillo nuevamente.

Podría jurar que es…Es confuso, porque es difícil considerarlo miedo. Con lo que he visto, hecho y vivido siendo parte de una familia destacada en el bajo mundo criminal, ya no siento miedo.

No tendría por qué sentir miedo si…

Paso saliva con dificultad. Quien fuera ese tipo, no puedo pensarlo como una persona.

Es un…espartano infernal.

Un demonio vikingo o algo por el estilo.

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Maria Reyeslas descripciones de Avery suenas a las de Lina si estuviera ahí jajaja
LunaSerá tu propio demonio Avery!!
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