En ese instante, en esa evasión fría, Naomi lo supo. Comprendió el alcance de su honestidad: tenía poder sobre él. Lo había desarmado al admitir su propio deseo.
Un silencio pesado, cargado de pasión controlada, se apoderó del ambiente. Ambos respiraban el mismo aire enrarecido, a la espera del próximo movimiento.
No obstante, Naomi no había terminado. Quería darle una última oportunidad, una puerta abierta para que su hombría le permitiera ser sincero, para que definiera qué era ella en su vida, independientemente del embarazo.
— ¿Qué sientes por mí? — La pregunta era directa, sin adornos. La formuló sin miedo a la respuesta, pero con esperanza.
Derek tragó en seco, un nudo apretándole la garganta. La pregunta lo tomó por absoluta sorpresa, lo descolocó por completo. Más aún, porque la verdad era que ni él mismo sabía lo que sentía. En su mente racional, cualquier emoción fuerte hacia ella debía ser un simple subproducto del embarazo. Era el único modo de justificarlo.
— Te quiero...