En ese instante, en esa evasión fría, Naomi lo supo. Comprendió el alcance de su honestidad: tenía poder sobre él. Lo había desarmado al admitir su propio deseo.
Un silencio pesado, cargado de pasión controlada, se apoderó del ambiente. Ambos respiraban el mismo aire enrarecido, a la espera del próximo movimiento.
No obstante, Naomi no había terminado. Quería darle una última oportunidad, una puerta abierta para que su hombría le permitiera ser sincero, para que definiera qué era ella en su vid