Caminaron por la alfombra roja con una gracia etérea, cada paso un acto de pura confianza. Eran dos divas, dos diosas bajadas a la Tierra. Un mesero les ofreció una copa de bienvenida, y Nelly, con los nervios a flor de piel, la tomó de un sorbo.
—Nelly, calma, somos damas. Actúa como tal. En cuanto resuelva lo de la universidad, nos vamos.— le reprendió Naomi.
Cada gesto, cada sonrisa de las hermanas era un poema de delicadeza, sensualidad y sofisticación. Mientras tanto, en la esquina, Derek