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Las lágrimas, silenciosas al principio, se convirtieron en un torrente incontrolable. El nudo en su garganta le robaba el aire, un sentimiento de culpa tan abrumador que amenazaba con aplastarla. Era una náusea emocional.
Al ver su angustia, Derek se acercó. Había algo en sus lágrimas que, por un momento, lo hizo sentir vulnerable. Extendió una mano para tocarla, buscando ofrecer un consuelo que no entendía, pero ella reaccionó como si su toque fuera veneno.
— ¡No te me acerques! — El grito