OBLIGADA A TENER EL HIJO DE MI ENEMIGO. Capítulo 3.
Si alguien me hubiera preguntado por qué me enamoré de Héctor Dunne durante mi infancia, la respuesta habría sido muy clara…
Héctor no me trataba como los demás chicos.
Para todos los niños de mi edad, incluido mi propio hermano, yo siempre fui la pequeña princesa de la familia Silverstorm. Delicada como una muñeca, me trataban como si fuera literalmente de cristal. Nadie me permitía correr demasiado, ensuciarme o levantar la voz. Siempre había manos dispuestas a protegerme, pero también a limi