Capítulo 80.
Mis ojos se ponen rojos de tanto llorar, mientras que de reojo observo como el sol comienza a meterse en el horizonte y la noche llega.
Ni siquiera sé por qué me afectó tanto, ya que Diana Rosswald, esa molesta mujer, no sabe absolutamente nada sobre mí y lo que pasé así que sus opiniones deberían darme igual.
Pero tal vez por las hormonas del embarazo, o porque todo este tiempo yo también me he sentido culpable por abandonar a Víctor y lastimar su corazón, fue que sus palabras me hirieron más que un cuchillo, y no he podido dejar de llorar desde que ella habló conmigo y me enfrentó de esa manera tan cruel en el ascensor del edificio de las empresas Silver.
Sin embargo, enfocada en mi objetivo, cuando veo que oscurece, me limpio las lágrimas de la cara y trato de ponerme lo más presentable posible, esperando a que sea completamente de noche antes de salir de mi habitación y caminar por el largo pasillo de la mansión hacia el otro lado de este, finalmente llegando a la puerta de Víc