Cuando Damián le ofreció esa difícil tarea a Hanna, estaban sentados en un café con vista al río. Junto a la ventana, Hanna miro al hombre que tenía frente a ella como si no lo reconociera del todo. La chica estaba distinta. Seguía teniendo aquel fleco que la caracterizaba. Un fleco negro recto que resaltaba sus ojos azules. Tenía una blusa rosa y el rostro libre de maquillaje.
—¿Por qué vienes a mi a pedirme semejante cosa,Damián?—le pregunta la chica casi ofendida.
—Porque tú sí puedes sali